Sam Wilson, el Capitán América, vuela sobre el océano Pacífico usando su traje con alas de vibranium. Al fondo, una mano colosal surge de las aguas: se trata del cuerpo petrificado de un celestial.
Sí, el Capitán América es Sam Wilson desde Avengers: Endgame; su traje es de vibranio desde Falcon and the Winter Soldier, y ese celestial (su nombre es Tiamut) está allí desde Eternals.

No es nada nuevo decir, en este año del Señor de 2025, que el MCU -el Universo Cinematográfico de Marvel- se ha vuelto una serie, en donde entender cada nuevo capítulo supone haber visto varios, ojalá todos, los episodios anteriores. Esto es particularmente visible en Capitán América: Brave New World, que se estrenó esta semana en cines de Colombia.
La lista de personajes principales de esta cinta es corta: el protagonista es Anthony Mackie, como Sam Wilson, y lo acompañan Harrison Ford como el presidente de EEUU, Thadeus Ross; además de Danny Ramirez, Carl Lumbly, Giancarlo Esposito y Tim Blake Nelson. La historia de una conspiración contra Ross comienza y termina en los 90 minutos que dura la película, pero sus ramificaciones se remontan más de una década en el pasado del MCU.

Porque lo cierto es que, aunque canónicamente sea la cuarta película del Capitán América, y la primera con Sam Wilson como el héroe titular, Brave New World es, a la vez, continuación de Falcon and the Winter Soldier, la serie de 2021 de Disney Plus; Eternals, de 2021; Avengers: Endgame, de 2019 y hasta de The Incredible Hulk, una película de 2008 que es, de hecho, la segunda de las 35 películas que integran este universo.
Es, sencillamente, demasiado peso para sostener en una sola cinta, porque por más que insertes una línea aquí y otra allá hay personajes que parecen salidos de la nada si no viste la serie o que perfectamente puedes haber olvidado que existían porque la última vez que los viste fue hace 16 años.
Un nuevo mundo
Al mismo tiempo, hacer parte de un universo compartido le da a esta película una resonancia global, en la que los temas y las acciones que vemos tienen connotaciones más allá de lo inmediato. En particular, la entrada al MCU de un elemento ficticio conocido como Adamantium es una campana que anuncia la llegada inminente de personajes y arcos extraídos del mundo de los X-Men.
Por eso no es sorpresivo que, aunque se hable tanto acerca de la “decepción” y la “fatiga” con el género de superhéroes, Capitán América: Brave New World haya desafiado las expectativas en la taquilla. Con 88,5 millones de dólares en taquilla en el fin de semana en EEUU, es de lejos el mejor estreno de lo que va de 2025 y la compañía predice que alcanzará los 100 millones de dólares en el mercado doméstico y los 192,5 millones de dólares en el global para el fin del festivo del Día de los Presidentes, este lunes.
Dirigida por Julius Onah, la película recupera por momentos el tono de thriller de espías de entregas como Capitán América y el Soldado del Invierno, sin alcanzar nunca su despliegue visual o su nivel de emoción. Se beneficia, eso sí, de un Harrison Ford ligeramente más involucrado en su personaje que en su letárgico paso por la última Indiana Jones, y de la esperada inclusión de Red Hulk en la saga del MCU.
Entra el Hulk Rojo
El Hulk Rojo es la atracción de mostrar de la película, el clip que pones en el trailer para vender la boleta. Es por eso tan extraño que su aparición sea tan breve, sin apenas una explicación de su color, sus poderes o debilidades.
Para efectos de ubicación, valga decir que se trata del poderoso alter ego del General Ross, un equivalente si se quiere del Hulk Verde, pero cuyo origen puede rastrearse a varias fuentes, no solo la radiación gamma.
A diferencia de Bruce Banner, que estuvo expuesto a una dosis masiva de radiación gamma, Ross se sometió a exposiciones más pequeñas y prolongadas, y sus habilidades provienen de una combinación de radiación gamma y cósmica. Por eso, mientras que el Hulk de Bruce Banner transforma su furia en fuerza (y entre más ira siente más fuerte es), Red Hulk la convierte en calor (y entre más se enfurece, más calor emite).

Es, por tanto, un rival natural de Hulk y es extraño, por decir lo menos, que haga su aparición en una cinta en la que el gigante verde brilla por su ausencia. Podría decirse que, justamente, el atractivo de la pelea final de la cinta es la enorme diferencia entre los poderes de Red Hulk y un Capitán América sin superfuerza, pero justamente por eso el tema debió ser abordado de otra manera.
Porque así como la mayoría de las películas del MCU obligan la pregunta de: “¿Por qué no llaman a Los Vengadores?”, en esta resulta inverosímil, más que un Harrison Ford transformado en una masa de músculos al rojo vivo, que nadie haya tomado el teléfono para llamar a Bruce Banner.
Y por eso, aunque en todo momento entretenida, Capitán América: Brave New World no deja de ser un recordatorio del riesgo que tienen los universos compartidos. Cada nueva cinta tiene, sí, la fuerza de sus lazos con las historias anteriores. Pero al mismo tiempo enfrenta el reto de traer algo nuevo a la mesa, algo que las audiencias sientan que no habían visto. Marvel y Disney están en el negocio de seducir masas y ese es un propósito que se puede ver entorpecido si solo los más geeks entre los geeks entienden la referencia.
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